Pornopolítica. Por Sofía Montenegro
Ramas en la Asamblea
Si la pornografía es el “tratado acerca de la prostitución”, la serie de prácticas que realiza el gobierno para imponer su voluntad y permanecer en el poder contra viento y marea, podrían definirse como pornopolítica.
Quien promueve tales prácticas sería por tanto un proxeneta, o sea, un rufián que obtiene beneficios obligando –por amenaza, extorsión o soborno- a las personas a vender su cuerpo. La publicación en La Gaceta, diario oficial, de un texto de la Constitución de la República que no corresponde al verdadero, ordenado por el presidente y la segunda secretaria de la Asamblea Nacional, simboliza aquella rama colgada a la puerta que en la Edad Media significaba “cuerpo a la venta” y que representa el más grande y último acto de la pornografía del poder. Se juntan aquí comercio, obscenidad y trampa, donde tales diputados se convierten en “rameros” de la pornopolítica puesto que como se dice en la novela El Padrino “en este documento o está su firma o están sus sesos”. Cierto que no son los únicos, puesto que hay diputados “opositores” que sólo les dicen “siéntense” y ellos se acuestan, pero dada la investidura del asunto esto es alta prostitución. ¿Será que creen que estas obscenidades les dan legitimidad?
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22 septiembre 2010

